Bembibre vivió el sábado 7 de febrero una de sus noches más especiales y que se cuentan en plural. Por lo que se come, por lo que se celebra y por lo que se reconoce. Se trata de la celebración del LIII Festival de Exaltación del Botillo se presentó ante el público con un apellido nuevo —Internacional— y con la determinación de que no será sólo una etiqueta.
La gala, conducida por Héctor Keudell y María de Miguel, comenzó fuera del pabellón, mirando hacia otro de los epicentros del fin de semana: la Feria Agroalimentaria. La primera escena fue una conexión en vídeo desde el Bembibre Arena, una manera de poner en primer plano el producto y la despensa de productos de muy variados sectores antes de que la celebración se trasladara, ya con todo su ceremonial, a su recinto natural, el pabellón Manuel Marqués “Patarita”.

Lo hizo con la proyección de un vídeo que escenificó la idea de que este Festival recorre el mundo a través de una red de contactos que lo hace posible, y que vuelve con fuerza a su sede natural.
Abrió las intervenciones la concejala Belén Martín, que situó el momento en el calendario emocional del municipio: 2026 como el año en el que el festival se mira al espejo y se ve, oficialmente, internacional. En ese mismo hilo, remarcó el alcance del reconocimiento que “encumbra al Festival a lo más alto», y dio paso a uno de los clásicos del programa: el Concurso Literario, con el anuncio del relato premiado.


La alcaldesa Silvia Cao destacó el trabajo para conseguir este sello «internacional», sino que se levanta con trabajo del pueblo, con continuidad y con ciudadanía. En su intervención también tuvo un lugar preferente lo que muchas veces sostiene la trastienda de los grandes eventos: el voluntariado, protagonista y homenajeado de esta edición, y el hermanamiento con la Casa de León en Cantabria, otra forma de extender Bembibre más allá de su mapa inmediato.


Con el terreno preparado, el foco se desplazó al mantenedor, José Ribagorda, que ofreció un pregón con sabor a defensa de lo auténtico. Habló del botillo como algo más que un plato y dejó la frase que terminó circulando como resumen perfecto: “El botillo no solo se come, se vive”. Lo convirtió en memoria —de generación en generación— y hasta en resistencia amable frente a lo uniforme. Y, en un guiño contemporáneo, contraponía la artesanía al atajo: celebró que serán “vuestras manos” y no la inteligencia artificial quienes mantengan el botillo en la mesa.



Al término de este reportaje, podrás leer el discurso completo del mantenedor.
El tramo final de la gala lo firmó Ruth Lorenzo, que puso la nota musical antes de que la noche cambiara su formato, de gala a cena de exaltación. Con el botillo como eje y un menú pensado para una ocasión tan especial. Y, ya con el ambiente desatado, el cierre se estiró con música de verbena, completando una jornada que quiso decir que el Festival del Botillo de Bembibre tiene un largo camino por delante.


Soplando las velas del primer Festival Internacional


Con la celebración de esta primera edición del Festival del Botillo, el mantenedor, acompañado por la concejala de Cultura, Comercio, Turismo y Fiestas y la alcaldesa, soplaron las velas en una tarta que llegó al escenario para inmortalizar el momento. Un 1 (primera edición internacional) y un 53 (correspondiente a la edición global), presidían esta tarta en un momento sorpresa poco antes de la actuación final.
Un momento que sirve para dejar constancia de cómo se vivió esta celebración en un pabellón que volvió a volcarse con su evento más relevante.





















Discurso del mantenedor, José Ribagorda
Cuando Silvia, la alcaldesa de Bembibre, me llamo para anunciarme su intención de nombrarme mantenedor de vuestro famoso Festival del Botillo tuve muy pocas dudas, por no decir ninguna, para aceptar vuestro reconocimiento que tanto agradezco. Desde el primer momento me sentí muy identificado, lo primero porque me gustó mucho el concepto de “mantenedor” : mantener ha sido una de mis prioridades en los más de treinta años que he estado editando y presentando informativos en televisión. Mantener nuestra identidad como país, con la riqueza superlativa que le da contar con territorios tan dispares y singulares. Mantener nuestras tradiciones, desde las más festivas a las más religiosas o espirituales, velar por salvaguardar la tauromaquia o la rica gastronomía con la que contamos, ha sido una de las máximas que caracterizaron mis informativos que tanta aceptación tuvieron durante tres largas décadas.
Y a eso, lógicamente se unió la admiración y consideración que profeso por vuestro celebre y milenario botillo. Creo que estamos ante unos de los platos más emblemáticos de la gastronomía patria. Un plato singular, único, porque en ningún lugar como aquí en Bembibre y en toda esta comarca de El Bierzo, se puede saborear esa armoniosa conjunción de lenta cocción, humo y leña que caracteriza al ahumado con el que dotáis de un sabor inconfundible a la costilla, el rabo o en ocasiones también la lengua, la carrillera la paleta y el espinazo del cerdo. Eso unido a la calidad de las patatas, el chorizo y el repollo que se crían en estas tierras y el sabio toque de pimienta, sal y ajo conforman un verdadero universo de sabores y sensaciones en el paladar y en el olfato que solo se explican y entienden cuando se degusta el botillo.
El botillo no solo se come, también se vive. Yo le definiría como un arquetipo de la cocina de las emociones. El botillo socializa, reúne, hace florecer afectos, risas, recuerdos, vivencias…vida en definitiva. El botillo encarna esa memoria que habéis sabido salvaguardar de generación en generación imponiéndola frente a gustos y tendencias de una globalización que no hace sino vulgarizarlo todo. Me da mucha satisfacción pensar que serán vuestras manos y las técnicas ancestrales heredadas de vuestros antepasados y no la inteligencia artificial las que nos permitirán seguir disfrutando de vuestro excelso botillo. Fuego, humo, barro para la cocción, producto vinculado a vuestra tierra, identidad territorial, historia, tradición, cultura con mayúsculas porque rara vez se puede acumular tanto conocimiento como en una creación gastronómica…todo eso representa vuestro botillo al que os animo a defender con el orgullo y la vehemencia con que lo estáis haciendo.
Os felicito de verdad por preservar lo mejor de vuestro pasado, por la defensa que hacéis de una de las mayores riquezas que atesoráis y os agradezco de corazón esta distinción que me honra y me vincula, más si cabe, con esta querida comarca y desde ya con vuestro municipio con Bembibre. Un lugar que será siempre de encuentro para mi y para mi familia con las mejores sensaciones vitales que uno pueda tener.
De corazón gracias Bembibre.
Por el botillo siempre….. por y para el botillo….

